
Cuando una empresa decide vender a crédito, asume un riesgo: que el dinero no llegue cuando debería. Ese riesgo se puede gestionar. El problema es que la mayoría de las empresas tiene una política de crédito -- aunque sea informal -- pero no tiene una política de cobranza. Y ahí es donde empieza el problema.
El ciclo de una venta B2B tiene dos mitades: la primera termina cuando el cliente firma o acepta. La segunda termina cuando el dinero entra a tu cuenta. Muchas empresas invierten todo su esfuerzo en la primera mitad -- propuestas, negociaciones, contratos -- y dejan la segunda al azar: un recordatorio cuando alguien se acuerda, un correo cuando la factura ya lleva 45 días vencida.
No se necesita un manual extenso. Se necesita tener claro, al menos, tres cosas: cuándo se envía el primer recordatorio (antes del vencimiento, no después), por qué canal se contacta a cada tipo de cliente, y qué pasa si no hay respuesta a los 15, 30 o 60 días. Eso solo, aplicado con consistencia, cambia completamente el resultado.
Si la política no existió desde el principio, la deuda se acumula. En ese punto, el equipo interno rara vez tiene el tiempo, el proceso o la experiencia para recuperarla sin poner en riesgo la relación comercial. Ahí es donde entra Recupera: gestión especializada de deuda activa, con el respaldo de Recsa y más de 40 años de experiencia en cobranza en 15 países de LATAM.
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